martes, 22 de enero de 2013

COMO SE CONSTRUÍA EN EL SIGLO XVIII

La mayoría de las personas que nos dedicamos a la Restauración de Monumentos Históricos, siempre nos hemos preguntado, ¿como construían en el siglo XVIII?. Pues bien encontré una disertación en el Tomo I de las Gacetas de Literatura de México escrito y publicado por el sabio José Antonio Alzate y Ramirez, está colocada en la Gaceta número 48 del 19 de Julio de 1790, ante la pregunta que Alzate le hizo a alguno de sus amigos arquitectos: La arquitectura en Nueva España, ¿se ha perfeccionado o desmerecido?, tanto le gustó al sabio la respuesta que le pidió se la diera nuevamente por escrito para insertarla en su publicación, esto es lo que se publicó:
"Muy señor mio: en una conversación me hizo Ud esas preguntas; procuré satisfacerle en cuanto pude: ahora me insta Ud a que publique mis reflexiones: ¿se vendrá sobre mí el edificio?, ¿se me culpará como a temerario?. Si mis observaciones son justas, dice Ud muy bien, pueden ser útiles al público, a quien debemos dedicar nuestras tareas, nuestras observaciones; si son inútiles, el mismo público las desdeñará. Algunos serán los adoloridos; pero ya que públicamente se han ingerido en maestrear edificios, que todo el mundo ve  estos serán los futuros fiadores de sus aciertos, o de su ligereza; expresión que uso para mostrarme moderado.
Comenzaré a exponer mis reflexiones con arreglo a lo que se ejecuta respecto a la fábrica de un edificio. Se comienza por la excavación para fabricar los cimientos: se ahondan tres o cuatro varas ( recuerdese que la vara castellana era de 83.6 cms), y luego, ¡que gasto inútil!, se entierran unas estacas de cedro de tres varas [estas son las regulares] del diámetro de tres, cuatro o cinco pulgadas, las que introduce en el terreno a esfuerzos de un mazo de fierro un operario; esta es práctica tan arraigada, que se tendría por inconsiderado al arquitecto que omitiese semejante preámbulo; pero aquí es necesario hacerse cargo del fin a que se dirige esta practica útil en otros terrenos, pero no en el de México.
Los arquitectos tienen enseñado y practicado, que para ciertos terrenos, esto es, en los que su suelo primitivo, y por esto sólido, se halla muy profundo, se supla a la excavación que era necesario ejecutar para llegar a la solidez, y para ahorrar excesivos gastos de materiales y de su colocación, el estacado o pilotaje. Esta práctica, muy segura en determinados sitios, es falsísima respecto al suelo de México. ¿Quién lo ha sondeado? ¿Se sabe a cuantas varas se halla respecto al suelo que pisamos, que es de muy reciente formación? Se sabe que el terreno de esta Ciudad se hallaba antes ocupado por las aguas, las lamas, tierras y demás cuerpos sólidos: que las aguas provenidas de los terrenos altos situados al ocaso de la Ciudad, son las que han formado este nuevo suelo, en que también ha tenido mucho influjo el trabajo de los hombres. ¿Hasta que profundidad se encontrará con el suelo macizo? ¿Quien lo ha averiguado? ¿No deberá haber mucha variedad en su respectiva elevación? ¿Las que antes eran islas no deberán reputarse por terreno más sólido?
Estas dudas tan prudentes como sólidas hacen visible el abuso introducido de la estacada; porque veo que sin excepción las estacas se cortan del mismo tamaño, y se clavan en el mismo método. Si no se sabe la verdadera profundidad del suelo macizo, ¿por que se practica la misma medida de estacas, el mismo orden en sumergirlas? Si esta observación aun no le parece a Ud de mucha fuerza, formaré esta, a que no se puede responder. Según tengo observado, en cada vara cuadrada introducen hasta sesenta y cuatro estacas; un operario por medio de una almaganeta o mazo de fierro golpea hasta que la estaca profundice, así se van introduciendo contiguas unas con otras; ¿con que las estacas de una vara en cuadro se introdujeron en la tierra por las fuerzas de un hombre aplicadas a un mazo?[No hay que apelar al proloquio tan decantado de que las fuerzas unidas aumentan en vigor; en las artes es muy falso, principalmente en la maquinaria]. Agrege Ud al peso del mazo lo que le corresponde en virtud de lo que adquieren los graves en su descenso, y suponga Ud que fueron 100, por ejemplo, las arrobas necesarias para enterrar las estacas comprendidas en una vara en cuadro. Ahora bien: si 100 arrobas son suficientes para introducir las estacas a cierta profundidad: la parte del edificio que gravita sobre esta vara cuadrada, de un peso infaliblemente mayor, las introducirá sin duda alguna a mayor profundidad. Si se supone por un instante, que no es igual el suelo primitivo, ¿que sucederá? Que unas estacas estacas se introducirán a mayor profundidad que otras. Y véase aquí el edificio ya en una próxima ruina. Luego ínterin no separamos a que profundidad se halla el suelo primitivo, ni si éste es igual, no se puede usar del estacado con seguridad, y mucho menos si las estacas son de un mismo tamaño. Desengañémonos  si las paredes no fueran tan sólidas como se practica por lo regular: si los materiales no fueran por su naturaleza tan tan propios para fabricar, muy a menudo se verificarían muchas desgracias. ¿No ha oído Ud decir que un cuerpo nada entre dos aguas? Los edificios de México se mantienen entre dos tierras: los cimientos son poco sólidos, o por mejor decir, no lo son, por que el estacado se mantiene entre dos lodos.
Tengo leído en uno de los historiadores de la provincia de Guatemala, que cuando los indios vieron por primera vez a los españoles formar grandes excavaciones para disponer cimientos a los edificios, decían  vosotros estáis disponiendo vuestros sepulcros: el éxito tiene verificado el pronóstico; y en realidad, en un país tan sujeto a terremotos, como lo es la Nueva España, es muy pernicioso enterrar demasiado las paredes de los edificios. No me sería difícil exponer una demostración reducida a cálculo, pero gusto mucho mas de presentar ejemplares que todos entiendan. Si al tiempo de una tormenta fuera posible asegurar un navío al fondo del mar por medio de algún cuerpo sólido, ¿se podrá dudar que en virtud de la agitación de las olas se rompiera? ¿Cuando a un madero asegurado en el suelo se procura romper, no se verifica esto en el paraje en que comienza su introducción en la tierra? aplíquese esto respecto a los edificios fabricados en terrenos expuestos a temblores, y se vendrá en conocimiento de que al tiempo del terremoto el edificio puede venirse al suelo, por que las paredes bambolean , y no los cimientos. ¿Porque esto? Como forman con el terreno un cuerpo unido, no pueden seguir con libertad las vibraciones o movimientos que experimentan las paredes.
Prueba: Tengo bien observado en los terremotos que en estos últimos años se han verificado aquí, como los edificios, que aun por ser fabricados con materiales débiles como el adobe, han resistido a los fuertes temblores y los que han reputado por muy sólidos, a causa del mucho gasto erogado, han tenido que sufrir muchos reparos. Para los primeros apenas forman una pequeña zanja para fabricar las paredes; para los segundos se han formado profundas excavaciones, se han enterrado grandes porciones de madera [ Xochimilco, Coyoacan, Chalco, Etc., Etc., son lugares fundados en terrenos igual al de México: se han construido grandes edificios, no se han introducido por cimientos estacas de cedro por que no ha dominado la preocupación].
La historia, esta maestra de la vida, nos ministra un hecho reciente, que debe aplicarse a México. El territorio de Messina, Ciudad de Sicilia, está muy sujeto a terremotos [como México] y en el Diario de los Sabios, tratando de la catástrofe que experimentó dicha Ciudad en 1783, se dice pag. 80: Enero de 1785. Los edificios de Messina de la parte mas baja, fabricados sobre estacada o pilotaje, se destruyeron enteramente. ¿Que dirán a esto nuestros arquitectos? Si un tan pésimo método de fabricar es pernicioso respecto a la arquitectura de aquí, no lo es menos por lo que perjudica al público. Se procura en los arrendamientos lograr el rédito correspondiente a lo que se gastó en la fábrica; por lo que el inquilino tiene que sufrir los excesivos e inútiles gastos de la fábrica de lo que llaman cimientos. ¿Cuantas obras hemos visto suspensas o abandonadas a causa de que se gasta en excavaciones inútiles, en estacadas, aquel caudal que se hubiera aprovechado en elevar el edificio? No son raros estos ejemplares, son bien notorios para que se especifiquen. [si el costo de las fábricas no fuera tan excesivo: por este y otros motivos provenidos del monopolio: ¿No se fabricarían muchos mas edificios? ¿La Ciudad no se ampliaría? Cosa particular es que México haya aumentado en población, y que su recinto se haya estrechado; lo que depende de que ha crecido en elevación lo que ha perdido en superficie].
Para que no se culpe como a temerario, para que todos se hagan cargo de la verdad de mi aserto, de que puedan dimanar muchos bienes, formo esta reflexión. Cuando un arquitecto intenta sostener un techo o un cuerpo de mucho peso, lo que ejecuta es el asentar sobre el suelo una viga, para que sobre ella graviten los pies derechos. ¿Por que no usa estacas? A causa de que la experiencia enseña, que una viga no puede hundirse, por que era necesario dislocar mucha tierra, y por esto sirve de un fuerte apoyo: procede pues inconsecuente cuando dispone estacadas para sostener un edificio, porque estas, en virtud de estar aguzadas deben sumirse hasta topar o no con el suelo macizo: ¿habrá que oponer a esto?.
Luego han pensado con cordura los arquitectos que para fabricar no han usado de estacada, sino de vigas colocadas horizontalmente; y en verdad que uno de los edificios de mayor consideración que adornan a esta Ciudad, es Colegio que nombran de las Vizcainas, y según estoy cerciorado, sus cimientos se dispusieron sobre planchas de cedro, sin ninguna estacada, y sin aquel aparato de cadenas y gastos inútiles que trae Belidor, que se disponen muy bien en el bufete; pero que son gravosas a los que costean obras de arquitectura. Las estacas, pues, serán de mucha utilidad para los sitios expuestos a los esfuerzos del mar; mas no en un terreno como el de México. Mi curiosidad me ha dirigido a recorrer varios edificios antiguos, que veía desbaratar; en ninguno de ellos he observado el pilotaje o estacada; unos cilindros de cedro, que no debilitó el carpintero, colocados horizontalmente, sostenían edificios que el tiempo deterioró, pero que se sostuvieron con tan sólidos cimientos, aunque débiles para los que han introducido el lujo hasta en la arquitectura."
CONTINUARA


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